Los caminos que llevan al CAA

Publicado el 28 noviembre, 2025 en el blog de Moliendas del Ambato

Hace unos días se incorporaron al Código Alimentario Argentino (CAA) modificaciones que ponen en valor los alimentos elaborados a partir de frutos del monte nativo. La propuesta nació en Catamarca. El recorrido comenzó hace diez años cuando un grupo de elaboradoras hicieron consultas y planteos en la Dirección de Bromatología. La respuesta fue un trabajo en articulación que permitió, entre otros aspectos, generar información científico técnica vinculada a la calidad y a la inocuidad.

El 15 de noviembre de este año, en una resolución conjunta entre la Administración de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Medica y, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, se incluyeron modificaciones al CAA que contribuyen a revalorizar las tradiciones respetando la seguridad y la soberanía alimentaria de las comunidades.

La publicación tiene menciones específicas en relación a la reforma de los artículos 675 y 678 bis y, a la incorporación de los artículos 655 tris, 655 quater y 775 tris. En las consideraciones, se tiene en cuenta que la Dirección de Calidad Alimentaria del Ministerio de Salud de Catamarca y, el Instituto Nacional de Alimentos, solicitaron la actualización e incorporación de algarrobos, harinas vegetales y arropes; que el aprovechamiento de manera integral y sustentable de los recursos nativos es esencial para garantizar la preservación a largo plazo de estos ecosistemas y, a su vez, para asegurar la protección de los procesos, prácticas y saberes inherentes a la producción de alimentos y; que un grupo de docentes investigadoras de la Facultad de Ciencias Agrarias y de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de Catamarca, llevaron a cabo, junto a la Dirección de Calidad Alimentaria del Ministerio de Salud de la provincia, investigaciones sobre la caracterización física, química y microbiológica de los frutos de algarroba, chañar y mistol.

El paso a paso del trabajo en articulación

En el año 2015 comenzaron a relevarse en la Dirección de Bromatología las primeras consultas por parte de elaboradores y elaboradoras que buscaban formalizar la comercialización de sus productos.  Ni la normativa nacional, ni la normativa provincial consideraban hasta ese momento las particularidades de la algarroba, el mistol y el chañar como alimentos a pesar de que éstos sí  formaban parte de la red de abastecimiento local, a través de mercados artesanales o ferias barriales.

“Debido al interés que manifestaban para lograr alimentos de calidad bromatológica, es que iniciamos un plan de acompañamiento con el objetivo de garantizar la calidad, la inocuidad y la seguridad alimentaria a través de la puesta en valor de los frutos nativos y la implementación de un acompañamiento integral que abarcó la totalidad del proceso productivo”, recordó Rosana Soria, actual Directora Provincial de Salud y Medio Ambiente, para el blog de Moliendas del Ambato.

El plan de trabajo incluyó la identificación de los procesos de producción, recolección y elaboración, la recopilación de información científica publicada, la realización de los análisis bromatológicos, la validación participativa del diagnostico inicial y, la construcción de una guía de buenas prácticas de manifactura especifica que demandó el diseño de documentos y protocolos específicos que respaldaron la solicitud.

“A partir de toda la información generada junto a los elaboradores y, a los trabajos de investigación realizadas desde la UNCa -FCA y FCS-, hicimos una propuesta con un proyecto de resolución que se envió a la Secretaria Técnica de la Comisión Nacional de Alimentos para que mediante consenso o mayoría positiva, se apruebe”, explicó Rosana Soria.

La iniciativa proponía la incorporación de harina de mistol y harina de chañar y, la modificación para harinas de algarroba, harinas tostada de algarroba, harina de fruto (vaina completa con sus semillas) de algarrobo, harina tostada de fruto de algarrobo para proporcionar un marco legal que permita su comercialización en todo el territorio argentino.

“Desde una perspectiva personal, considero que este proceso representa mucho más que la simple incorporación de nuevos productos al marco legal alimentario. Para mí, implicó un ejercicio de reconocimiento y dignificación de saberes, donde el diálogo entre productores, instituciones académicas y organismos del Estado permitió transformar prácticas tradicionales en alimentos con calidad e inocuidad garantizadas. Este trabajo colaborativo demuestra que la seguridad alimentaria debe verse como una herramienta que posibilita el acceso justo y seguro a los alimentos que forman parte de nuestra historia y nuestra identidad cultural”, concluyó Soria.

Cuando desde Moliendas conocimos la noticia de las modificaciones publicadas en el Boletín Oficial, nos apuramos y nos manifestamos a través de un posteo de Instagram. Mientras tanto, parte de nuestros compañeros y compañeras, comenzaron a buscar las fotografías que hoy forman parte de este artículo, dando testimonio de la participación de los productores y productoras en el recorrido.

“Amiga, te mando estas imágenes del plenario que organizaron Rosana y Claudia desde el Ministerio de Salud, en Fiambalá. Estuvimos invitados con Marisol y Marcos, de Molinos del Norte y, Diego y Elena, de Somos Tierra; también fueron alumnos de la carrera que esta estudiando mi hijo, la Tecnicatura en Agroalimentos. Fuimos en combi, ellas hicieron la gestión con el municipio para que podamos estar cómodas. Conversamos mucho para armar las monografías de los distintos productos. Lo que publicamos hoy en la cuenta de Instagram de Moliendas, me re emociona, me parece hermoso todo el camino”, me dijo Mercedes Casina, sabiendo que iba a escribir más. A veces me da pena quedarme con los pocos caracteres que incluimos en un carrousell con copy para redes sociales.